Investigar poder suele fallar por una razón simple: se escribe como si fuera novela. Se arranca de una intuición (“esto lo controla tal grupo”), se seleccionan anécdotas que la confirman y se cierra con una moraleja. El lector queda convencido —o indignado—, pero no queda capaz de verificar. Una investigación sólida, en cambio, se parece más a un protocolo: declara qué está intentando demostrar, qué hechos la harían cambiar de opinión y cómo protege la evidencia de la contaminación narrativa. La diferencia entre denuncia y conocimiento es el método.
La propuesta aquí es una caja de herramientas replicable para investigar poder sin depender del “olfato” como única brújula. El enfoque combina process tracing (para reconstruir mecanismos causales), inferencia cualitativa competitiva (para no enamorarse de una sola historia) y verificación/cadena de custodia (para que cada afirmación tenga respaldo rastreable).
1) Arranca con hipótesis que compiten, no con una conclusión
El poder casi nunca opera por una sola vía. Si dices “hubo captura”, compite al menos con: (a) incompetencia, (b) incentivos mal diseñados, (c) coordinación fallida, (d) conflicto burocrático, (e) error de medición, (f) shock externo. La investigación mejora cuando formula 2–4 hipótesis plausibles que puedan explicar el mismo fenómeno.
La regla práctica es esta: si tu historia solo puede ser cierta o falsa por “intenciones” que no puedes observar, estás frágil. Conviene traducir intenciones a mecanismos observables: reuniones, borradores, cambios de criterios, secuencias de decisiones, incentivos materiales, dependencia de información, redes de intermediación.
2) Define qué evidencia falsaría tu historia
Una nota puede sonar impecable y ser infalsable: “lo hicieron por interés” explica todo y nada. La disciplina metodológica exige lo contrario: escribir explícitamente qué hallazgos te obligarían a corregir.
Ejemplos de falsación útil:
-
Si afirmas captura en una licitación, te falsaría encontrar que el pliego se elaboró antes de que el proveedor “ganador” existiera como actor relevante, o que múltiples oferentes cumplieron y el precio/criterios fueron consistentes.
-
Si afirmas decisión política centralizada, te falsaría una secuencia documental que muestre autonomía real y conflicto entre agencias (no alineamiento).
-
Si afirmas censura o control mediático, te falsaría evidencia de pluralidad sostenida en cobertura, o ausencia de coordinación entre actores que supuestamente operan como bloque.
El punto no es “proteger al poder”: es proteger tu credibilidad. Una investigación que no contempla su propia falsación es propaganda sofisticada.
3) Process tracing: reconstruye la cadena causal, no solo el resultado
El process tracing no pregunta solo “¿qué pasó?” sino “¿por qué pasó así y no de otra manera?”. Se trabaja con secuencias y huellas.
En práctica, implica:
-
Cronología fina (fechas, cambios de versión, puntos de giro).
-
Mecanismo propuesto (cómo se transforma un interés en decisión).
-
Pruebas diagnósticas: evidencia que, si aparece, vuelve más probable una hipótesis que otra.
George y Bennett enfatizan que no toda evidencia pesa igual: hay piezas que casi no discriminan (citas genéricas, declaraciones públicas) y piezas altamente diagnósticas (minutas, versiones sucesivas de un documento, metadatos, registros de reunión, cambios de criterios sin justificación técnica).
4) Triangula por tipo de fuente, no por cantidad
“Muchos links” no es verificación. Triangular es cruzar tipos de evidencia que se corrigen entre sí:
-
Documentos formales (normas, lineamientos, contratos, actas).
-
Registros operativos (sistemas, bitácoras, tiempos de trámite, logs cuando existen).
-
Evidencia de mercado (precios de referencia, concentración de proveedores, redes corporativas).
-
Observables conductuales (patrones de sanción selectiva, excepciones repetidas).
-
Testimonios (con cautela y sin convertirlos en prueba única).
La regla: no cierres una afirmación clave con una sola clase de evidencia, especialmente si esa clase es la más fácil de falsificar (declaraciones, filtraciones sin respaldo, “se dice que”).
5) Cadena de custodia informativa: que tu evidencia sobreviva al escrutinio
La cadena de custodia no es solo para tribunales; es para periodismo serio. Documenta:
-
Origen (quién, cuándo, cómo llegó a ti).
-
Integridad (si hubo edición, conversión, compresión; guarda el original).
-
Contexto (qué falta para interpretar correctamente).
-
Corroboración (qué otras fuentes independientes apoyan o contradicen).
-
Riesgo (qué parte podría ser plantada, incompleta o sesgada).
Esto reduce el margen de que tu historia dependa de “fe en la filtración”. También te permite distinguir entre hechos y lecturas sin mezclar niveles.
6) Escribe como si otra persona fuera a repetir tu investigación
Un texto robusto no solo persuade: deja un rastro para replicar. Eso se nota cuando:
-
Separas afirmaciones en niveles (dato / inferencia / especulación razonable).
-
Presentas incertidumbre sin debilitarte (qué sabes, qué no sabes, qué falta).
-
Muestras tus decisiones metodológicas (por qué esa fuente vale, por qué esa no).
Yin insiste en lógica de estudio de caso: cadenas de evidencia claras, base de datos del caso (aunque sea interna) y trazabilidad entre pregunta, evidencia y conclusión. Eso convierte la investigación en conocimiento acumulable, no en pieza efímera de indignación.
Al final, investigar poder con método es resistir la tentación del atajo: la historia “perfecta” que encaja demasiado bien. El poder real deja rastros, pero no siempre deja confesiones. Tu trabajo es construir un puente verificable entre rastros y explicación, sin perder de vista que la credibilidad no se declama: se diseña.
Referencias
George, A. L., & Bennett, A. (2005). Case studies and theory development in the social sciences. MIT Press.
Yin, R. K. (2018). Case study research and applications: Design and methods (6th ed.). SAGE Publications.

No hay comentarios:
Publicar un comentario