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miércoles, 5 de agosto de 2026

La nueva fiebre del espacio: satélites, la Luna y la competencia entre potencias




El espacio volvió a convertirse en uno de los terrenos más disputados de la geopolítica global, y esta vez la carrera no depende solo de las agencias gubernamentales sino, sobre todo, de empresas privadas que compiten a una escala nunca antes vista. Estados Unidos, con SpaceX a la cabeza, y China son los dos protagonistas centrales de lo que varios analistas llaman ya la segunda carrera espacial, marcada tanto por la conquista comercial de la órbita baja como por su creciente uso militar.

Las cifras de lanzamientos muestran la magnitud del ritmo actual. Estados Unidos realizó 193 lanzamientos orbitales en 2025, de los cuales el cohete Falcon 9 de SpaceX completó 165 —más que el resto del mundo combinado—. China, por su parte, apunta a unos 140 lanzamientos orbitales en 2026, frente a los 92 del año anterior y los 68 de 2024, según cifras de Yang Yiqiang, fundador de la compañía CAS Space. Para sostener ese ritmo, Pekín construye en el distrito de Haidian una "Ciudad Satélite" especializada en fabricación de satélites, cuya área central se espera concluir hacia fines de 2026, con el objetivo declarado de reducir su dependencia de la infraestructura de lanzamiento comercial estadounidense.

La disputa no se limita a quién lanza más cohetes, sino a quién controla el cielo. Starlink, de SpaceX, domina hoy la conectividad satelital global, pero China avanza con al menos dos megaproyectos —Guowang y Thousand Sails— que planean desplegar más de 10.000 satélites cada uno para competir directamente con esa red. Según cifras citadas por el Financial Times, la capacidad de fabricación de satélites de China pasó de unos 500 satélites al año hace tres años a entre 4.100 y 5.000 anuales en la actualidad, un salto industrial que analistas como Matthew Bingen, del centro de estudios CSIS, interpretan como una estrategia con beneficios tanto económicos como militares para Pekín.

La Luna volvió también a ser terreno de disputa directa. En 2026 avanza la misión Artemis II de la NASA, que completó un sobrevuelo lunar tripulado de diez días con cuatro astronautas —el primer vuelo con tripulación del programa Artemis—, como paso previo a un regreso de astronautas a la superficie lunar previsto entre 2026 y 2028, el primero desde la misión Apolo 17. China, por su lado, avanza en paralelo con su propia Estación de Investigación Lunar Internacional (ILRS), mientras India continúa desarrollando su programa Chandrayaan, en un escenario donde varios países y empresas privadas —como Intuitive Machines— compiten por establecer presencia sostenida en la superficie lunar.

Detrás del entusiasmo por los récords de lanzamientos hay preocupaciones que reciben menos atención mediática. La física Laura Grego, del programa de Seguridad Global de la Unión de Científicos Preocupados, advierte que SpaceX ya solicitó ante reguladores estadounidenses autorización para lanzar hasta un millón de satélites, una cifra que, de concretarse aunque sea parcialmente, transformaría de forma permanente la observación del cielo nocturno y multiplicaría el riesgo de colisiones y basura espacial en órbita baja. Por eso mismo crece la presión regulatoria internacional para exigir capacidades de desorbitación activa a todo satélite nuevo.

Lo que en la superficie se presenta como una carrera por el prestigio científico esconde, en el fondo, una disputa por el control de infraestructura estratégica: quién administra los flujos globales de datos, quién domina la conectividad en zonas remotas y quién obtiene ventaja militar en caso de conflicto. Esa doble naturaleza —civil y militar al mismo tiempo— es, según los propios especialistas del sector, la característica que distingue a esta nueva fiebre espacial de la primera carrera del siglo XX.

Fuentes: Cryptopolitan, Infoespacial, Acento (Financial Times), Quinta Fuerza, EspacioTech.

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