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martes, 15 de septiembre de 2026

Cuanto menos sabes, más seguro te sientes: el efecto Dunning-Kruger, veinticinco años después




En 1999, los psicólogos David Dunning y Justin Kruger publicaron un estudio que se convirtió en uno de los hallazgos más citados —y más malinterpretados— de la psicología cognitiva: las personas con menor competencia en una tarea tienden a sobrestimar de forma sistemática su propio desempeño, precisamente porque las mismas habilidades que se necesitan para hacer algo bien son las que se necesitan para reconocer que se está haciendo mal. A esto se le llamó, desde entonces, "efecto Dunning-Kruger", y en un mundo saturado de opiniones categóricas emitidas con total seguridad en redes sociales, el concepto encontró una vigencia renovada.

La versión popular del efecto es tan simple que resulta seductora: los ignorantes son arrogantes, los expertos son humildes. Un estudio de 2023 sobre desinformación en vacunas publicado en la Revista Española de Salud Pública pareció confirmar exactamente ese patrón al analizar 448 mensajes en LinkedIn: el grupo con menor conocimiento sobre covid-19 emitió el mayor porcentaje de mensajes con "certeza absoluta" (41.8%), mientras que el grupo con más conocimiento fue el más propenso a expresar dudas e incertidumbre. Investigaciones en contextos de conducción, geografía e inteligencia emocional han encontrado patrones similares: personas en el cuartil inferior de desempeño situándose a sí mismas, en promedio, en el percentil 62, cuando en realidad estaban en el percentil 12.

Lo que rara vez se menciona junto a estos datos es que el propio efecto Dunning-Kruger ha sido sometido, en los últimos años, a un escrutinio metodológico serio. Un grupo creciente de investigadores sostiene que buena parte del patrón observado puede explicarse por la "regresión a la media", un fenómeno puramente estadístico según el cual las puntuaciones extremas tienden a acercarse al promedio en mediciones repetidas —sin necesidad de invocar ningún sesgo psicológico específico sobre la autopercepción—. Bajo esta lectura, cuando alguien obtiene una puntuación muy baja en una prueba, es matemáticamente esperable que su autoevaluación se ubique, en promedio, más cerca del centro de la distribución que de su resultado real, simplemente por cómo funcionan las mediciones repetidas, no porque esa persona sea particularmente ciega a su propia incompetencia.

Especialistas que han revisado esta controversia resumen el estado actual del debate con una frase que aparece repetida en distintos análisis recientes: el efecto no ha sido desmentido, pero sí matizado. La evidencia también muestra que factores culturales alteran su magnitud: estudios en poblaciones de Asia Oriental, donde las normas sociales enfatizan la humildad y la autocrítica, encuentran un efecto considerablemente más débil que en poblaciones occidentales, lo que sugiere que parte de lo que se mide no es un sesgo cognitivo universal y fijo, sino una interacción entre mecanismos estadísticos, factores de personalidad y normas culturales sobre cuánta confianza es socialmente aceptable expresar en voz alta. La lección epistemológica de fondo, curiosamente, es la misma que el efecto describe: conviene sostener con más humildad de la habitual incluso las explicaciones psicológicas que parecen más intuitivamente obvias.

Fuentes: Revista Española de Salud Pública (SciELO), Wikipedia (Efecto Dunning-Kruger), ReachLink, iO.GENIX.

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